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MIS AMIGOS, LOS QUE YA NO ESTAN (Juan Manuel Gálvez Moreno)

Miércoles, 22 de Abril de 2009

 d7ffcaqaj91icay3jt0cca82w1oicainb862can8ncigca3vikqjcavae1szca8inccscae36q66ca8ca0shcazovqrzca2eq8z5cay4n54ncawazle8cazcmwxbcatgk9ccca2wl92yca08y1gn.jpg JUAN MANUEL GALVEZ fue un excelente arquero…. y mi amigo

Siempre escribimos sobre cosas cotidianas y personajes de actualidad o casos que nos llaman la atención.

 Quiero dedicar un espacio en mi blog al recuerdo de mis amigos que ya no están entre nosotros, pero que pese a su ausencia siempre serán mis amigos. Se que carecerá de interés para la generalidad pero para mi es importante, ya que serán muy pocas las ocasiones de escribir sobre ellos y muchos los recuerdos de sus vivencias. Fueron  tantos los momentos en los que la vida revoloteaba a nuestro alrededor que no puedo olvidarlos sin más.

Entre ellos recuerdo con gran cariño a Juán Manuel Gálvez, era todo un personaje. Por aquél entonces pertenecíamos a la Federación Onubense de Tiro con Arco e íbamos a los campeonatos juntos. Recuerdo un campeonato en Valladolid, llegamos la noche anterior a los entrenamientos y nos metimos en un bar a cenar, Juan Manuel era muy gracioso y nos contó, una vez más, una historia que solía contar de un viaje que, en compañía de otro amigo, realizó al Golfo Pérsico. En el avión les dieron de comer y el postre tenía como vasija la piel seca de un aguacate, se lo comieron, no sabían que hacer y se comieron la piel seca del aguacate, cuando la azafata se dió cuenta no pudo contener la risa y ellos no sabían donde meterse.  Esto contado por él, que además cada vez que lo contaba la historia era distinta, era mondarse de risa. Como tenía la voz muy poderosa, todo el bar estaba pendiente de la historia. Nunca me he reido tanto como aquél día. El bar era un circo, un tremendo dolor de riñones por la risa y no podíamos parar de reir, los clientes, los camareros, todos. Nos invitaron la cena.

Juán Manuel era así, era un tio moreno con pelo negro azabache y un fino bigote tipo Dalí, deportista por los cuatro costados, era un gran ciclista, excelente arquero  y cinturón de todos los colores de Jiu Jitsu. Dejó el deporte del Tiro con Arco y montó en Isla Cristina, precioso pueblo de la provincia de Huelva un gimnasio, después se trasladó a Lepe y el gimnasio con el. Hoy existe el gimnasio con el nombre de mi amigo.

Su mujer Merchi Bayo era encantadora (la próxima entrada nos dedicaremos a ella), nos acompañaba a todas partes. ¡Que buenos momentos!. Este hombre que tanto me hacía reir, también me hizo llorar, bueno a mí y a muchísimos más.
Era un viernes Santo en Linares, frente a la plaza de toros donde murió Manolete, ya de noche vimos acercarse una procesión muy solemne. Era el Santo Entierro, el silencio podía oirse, era estremecedor. De pronto, una potente voz gritando como riñiendo a los costaleros que portaban el paso desgarró el silencio de aquella noche. Era Juan Manuel, todos quedamos asustados, pero en la medida en que la “bronca” continuaba, se iba tornando en poesía y terminó con una increible y preciosa saeta por martinetes.

Terminó de cantar y se hizo un silencio aún mayor. Acudieron dos hermanos mayores de la hermandad y con lágrimas en los ojos le felicitaron e inscribieron su nombre en el libro de la hermandad. ¡Hacía cerca de 100 años que nadie le había cantado al Santo Entierro! Nadie sabíamos este arte en el, fue tremendo, las lágrimas corrían por nuestras mejillas sin poder evitarlo. Fue memorable.

Murió joven en un accidente de moto, después de haber perdido a su mujer por culpa de una fatídica enfermedad. Juan Manuel Galvez era y seguirá siendo mi amigo.

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