LA GÜIJA
Jueves, 12 de Noviembre de 2009 
Es muy difícil creer que los muertos te puedan “enviar mensajes”. Es totalmente inverosímil. Yo fui de los más incrédulos en estas cosas de hablar con espíritus, no me lo podía creer hasta que un buen día unos amigos nos invitaron a su casa a hacer uso de una tabla de Güija.
Mi insistencia era demostrar que todo era mentira, yo quería buscar donde estaba el truco y por eso asistí. Comenzamos convocando a un “espíritu bueno” y el vaso sobre el que posábamos el dedo se movía creo que empujado por los participantes. Estábamos mis amigos, mi mujer y yo. Yo me reía y me burlada de esa chorrada hasta que dije que yo quería que se convocara a un amigo que había muerto recientemente. Yo debería preguntar y las preguntas serían sobre algo que yo solamente conociera, así no había duda de que el movimiento del vaso si ocurría no nos diría nada.
A este “espíritu” le pregunté si sabía quién era yo, a lo que respondió que si, le pregunté mi nombre y el vaso recorrió las letras que componían mi nombre. Hasta aquí como todos sabíamos estas respuesta no me convencía nada.
La sorpresa me la llevé cuando a otra pregunta su respuesta fue: “Mi hijo no tiene la culpa”.Esta respuesta la dio varias veces, ya intrigado y con los pelos de punta, le pregunte por un número de teléfono que ninguno de nosotros sabíamos y el número fue correcto. Ya con más miedo que otra cosa, le pregunté por el nombre de sus hijos, nombres que no conocíamos en su totalidad y nos dio unos nombres que posteriormente comprobamos y eran ciertos. Ya la cosa estaba temerosa del todo.
Volví a preguntarle que quería decir con que su hijo no tuvo la culpa y respondió “de la muerte de mi hijo”. Hasta aquí llegamos, el miedo nos pudo, la intriga estaba servida y yo que iba con la idea de descubrir esa mentira me quedé acojonado.
Meses después me encontré con el hijo mayor de mi amigo fallecido y le conté la aventura. Se quedó de piedra, me preguntó que como sabía yo lo de la muerte de su hermano y de como ocurrió, ya le dije que me lo había “dicho” su padre a través de la Güija. Al parecer la muerte del hijo de mi amigo ocurrió en extrañas circunstancias y aquí en el lugar en el que vivíamos nadie, absolutamente nadie sabía de este hecho. Nos quedamos los dos de piedra.
Nunca más utilizamos la Güija y nunca más la utilizaré. Aún así todavía no se si creer que hay algo de verdad detrás de todo ello.















































